
+ Palacio cerrado… para personas con discapacidad, los que más lo necesitan
+ Ricky Martin y la doble dosis de seguridad: ¿Chihuahua inseguro o paranoia internacional?
+ «Cárteles» y pozos: la grilla que calienta Chihuahua
Ah, el Palacio de Gobierno. Ese majestuoso edificio que, se supone, es de todos los chihuahuenses. Pero ayer, en un acto que raya en lo grotesco, quedó claro que el palacio ya tiene dueños. Y no, no son los ciudadanos, sino aquellos que con arrogancia cierran las puertas ante las necesidades más urgentes. ¿La razón? El secretario de Desarrollo y Bien Común, no estaba. ¡Qué conveniente!
El hecho, denunciado por la diputada Herminia Gómez Carrasco, raya en el absurdo. Un grupo de personas con discapacidad, encabezadas por Laura Fuentes Aldape, se manifestaba de manera pacífica exigiendo lo que cualquier ser humano merecería: respeto a sus derechos. Pero, ¿qué recibieron a cambio? Las puertas cerradas, como si su sola presencia fuera una amenaza para el sacrosanto Palacio de Gobierno. «No está el secretario», dijeron. Como si ese pequeño detalle fuera suficiente para ignorar sus demandas y tratarlos como ciudadanos de segunda.
Pero lo más indignante fue la escena que se desarrolló después. A Laura Fuentes, invidente, la sentaron en la banqueta para negociar con ella. ¡En la banqueta! Ni siquiera tuvieron la decencia de ofrecerles un espacio digno. Los sentaron en el suelo, como si fueran a rogar por lo que por derecho les corresponde. No es difícil imaginarse a esos burócratas con cara de aburrimiento, tratando de despachar lo más rápido posible a los «molestos manifestantes» que se atrevieron a pedir algo tan escandaloso como una beca mensual de 1,500 pesos o la consolidación del 5% de plazas para personas con discapacidad en el gobierno estatal. Pero claro, esas son promesas que hasta ahora se han quedado en el aire.
Herminia Gómez no pudo ocultar su indignación. No es para menos. El trato que recibió este grupo de ciudadanos es, como mínimo, un insulto. Cerraron las puertas del palacio como si se tratara de un ataque, cuando lo único que había eran personas con discapacidad, algunas en silla de ruedas, otras con muletas. ¿De qué tenían miedo? ¿De que su dignidad quedara expuesta al sol de la tarde en plena escalinata?
Lo más patético del asunto es que las autoridades, con esa frialdad burocrática que tan bien dominan, finalmente accedieron a programar una reunión para el 14 o 16 de octubre. Por supuesto, todo «sujeto a cambios» según la agenda del señor secretario. Porque, ya saben, los derechos de las personas con discapacidad siempre pueden esperar.
Así que ahí lo tienen: el Palacio de Gobierno de Chihuahua, ese que debería ser de todos, cerró sus puertas para quienes más lo necesitan. Porque parece que en el Chihuahua de hoy, los derechos son negociables y las puertas solo se abren para los que tienen poder. Los demás, que esperen afuera. En la banqueta.
Ricky Martin y la doble dosis de seguridad: ¿Chihuahua inseguro o paranoia internacional?
Pues ahora resulta que el artista internacional Ricky Martin llega a Chihuahua y, como si viniera a un campo de guerra, su equipo de producción ha solicitado el doble de seguridad para su presentación en la Plaza del Ángel. ¿Será que Ricky se enteró de algo que nosotros no sabemos? ¿O es que los medios internacionales han exagerado, como siempre, pintando a México como si fuera el set de la próxima película de acción de Hollywood?
No es que Chihuahua esté exenta de los problemas de inseguridad que plagan al país, pero comparar nuestra capital con lugares como Sinaloa, Michoacán o Guerrero es, francamente, un despropósito. Vamos, no es que aquí estemos esperando a que el crimen organizado cruce la calle en cada esquina. Pero claro, cuando ves noticiarios nacionales que no dejan de mostrar tiroteos, enfrentamientos y narcobloqueos, es fácil entender por qué la producción de Ricky decidió poner un «extra» en la seguridad.
El doble de guardias, dicen. Como si Chihuahua capital fuera el epicentro del apocalipsis. Pero, ¿realmente es necesario? Las autoridades estatales no han dejado de presumir que, aunque la inseguridad es un tema delicado en todo el país, aquí no estamos ni cerca de los niveles de violencia que se ven en otros estados. Claro, siempre hay quien dirá que esos datos se manejan con más cuidado en los estados que no son gobernados por Morena, pero eso ya es otro cuento.
Lo que sí es curioso es la rapidez con la que se movieron los organizadores del Festival Internacional de Chihuahua para cumplir con las exigencias del equipo de Ricky. Después de todo, no se puede dejar insatisfecho a una superestrella. Así que, ¿qué hicieron? ¡Contrataron personal de seguridad como si no hubiera mañana! Y aquí viene lo mejor: les ofrecieron la gran suma de… 500 pesotes, botana y una playera para que nadie dude que son parte del equipo de seguridad. ¡Ah, claro! Porque no hay nada que inspire más confianza que un tipo con una playera mal impresa y un tupper de cacahuates.
Pero bueno, así están las cosas. Ricky Martin llega a Chihuahua y, de pronto, necesitamos más seguridad que para una visita presidencial. Al final del día, lo importante es que el show salga bien y que nadie diga que no se cumplieron las demandas de «La Vida Loca». Aunque entre nosotros, la vida loca parece ser la que viven en la producción de Ricky Martin, no en Chihuahua.
«Cárteles» y pozos: la grilla que calienta Chihuahua
Vaya que la política en Chihuahua nunca decepciona. Ahora el escándalo está servido con las acusaciones entre la diputada local de Morena, Brenda Ríos, y los defensores del alcalde Marco Bonilla. El pleito se ha vuelto más jugoso que una novela de televisión, con términos tan dramáticos como «Cártel Inmobiliario» y, en respuesta, «Cártel de los Pozos». ¡Parece que ya no sabemos si estamos en una reunión de cabildo o en una trama de crimen organizado!
Todo comenzó cuando la diputada Brenda Ríos decidió lanzar una bomba: acusó al alcalde Bonilla de estar beneficiando a lo que ella llama el “Cártel Inmobiliario”, algo que ha prendido las alarmas y generado un alboroto en las redes sociales. Según la legisladora, Bonilla y su administración estarían favoreciendo a ciertos grupos del sector inmobiliario, mientras que las denuncias de los ciudadanos sobre irregularidades pasan inadvertidas. Pero claro, los regidores panistas no se iban a quedar cruzados de brazos.
Liderados por la regidora Isela Martínez, los miembros del PAN salieron a defender a Bonilla como si les fuera la vida en ello. Sin mencionar directamente a Ríos (porque así es más elegante), aseguraron que todo se trata de una campaña de desprestigio en contra del alcalde, orquestada por sus opositores celosos del liderazgo que ha ido consolidando. Vamos, que los panistas creen que esto no es más que grilla barata.
El asunto no quedó ahí, porque Brenda Ríos se lanzó con todo para asegurar que sus acusaciones no son invento suyo, sino una respuesta a las constantes quejas ciudadanas sobre los abusos en el sector inmobiliario. Y como si fuera la protagonista de una película de superhéroes, dijo que solo está tratando de «ayudar a los ciudadanos». Nada que ver con la política, claro está. ¿A quién se le ocurriría pensar eso?
Pero la joya de la corona la puso el coordinador del PAN, Alfredo Chávez, que no pudo resistir la tentación de considerar a Ríos en otro escándalo, sugiriendo que ella tiene las manos metidas en el llamado “Cártel de los Pozos”, un tema delicado relacionado con los productores agrícolas del noroeste del estado. ¿Cárteles por todos lados? Pues eso parece. La acusación de Chávez fue como un guante lanzado en pleno duelo, pero Ríos, en lugar de enojarse, simplemente lo desestimó, llamándolo una distracción del “prianismo”. ¡Como si no tuviéramos suficiente con los cárteles reales, ahora tenemos cárteles imaginarios!
Lo cierto es que, mientras los diputados y regidores se avientan dardos envenenados, los ciudadanos siguen viendo cómo se tira más lodo que propuestas. Por lo pronto, el agarrón entre la diputada y los defensores de Bonilla promete seguir dando de qué hablar, y con la creatividad que ambos lados tienen para inventar cárteles, no nos sorprendería que el próximo escándalo tenga un nombre aún más ridículo.
Así que, querido lector, vaya preparando palomitas, porque la política en Chihuahua sigue siendo el mejor espectáculo de entretenimiento, con más giros que una telenovela y más «cárteles» que una narcoserie de Netflix. ¡Quién necesita ficción cuando tenemos a nuestros políticos!